Brasil se pone al fin las pilas con la vacunación anticovid

Los tiempos Politica
Brasil se ha convertido en uno de los países con un mayor ritmo de vacunación contra el coronavirus en el mundo, tras un arranque tardío y caótico que sigue pasándole factura al presidente Jair Bolsonaro. Pese a tener un sistema de inmunización masiva de fama mundial, este país de 213 millones de habitantes comenzó su campaña en enero, varias semanas después que Estados Unidos, gran parte de los países europeos y otros como Argentina y Chile.


Brasil se ha convertido en uno de los países con un mayor ritmo de vacunación contra el coronavirus en el mundo, tras un arranque tardío y caótico que sigue pasándole factura al presidente Jair Bolsonaro.



Pese a tener un sistema de inmunización masiva de fama mundial, este país de 213 millones de habitantes comenzó su campaña en enero, varias semanas después que Estados Unidos, gran parte de los países europeos y otros como Argentina y Chile.



Al principio, avanzó lentamente y con interrupciones, pero luego empezó a recortar distancias, con la consecuente caída en el número de muertos: de una media diaria de más de 2.000 en junio a menos de 600.



Hoy, el segundo país del mundo más enlutado por el virus, con más de 588.000 muertos, ya está vacunando a adolescentes y aplicando terceras dosis en muchos Estados.



Según datos del portal Our World in Data, Brasil se ha convertido en el cuarto país que más dosis ha administrado (214 millones), después de China, India y Estados Unidos, así como en el tercero que más vacuna diariamente, con una media en los últimos siete días en torno a millón y medio de unidades. 



 



Por delante de EEUU



"La aceleración se vio a partir de mayo-junio, con la llegada y el suministro mucho más coherente de vacunas", explica a la AFP José David Urbáez, presidente de la Sociedad de Infectología del Distrito Federal.



Brasil decidió centrarse en la vacunación con la primera dosis, con intervalos más largos para la segunda para preservar las existencias.



En los últimos tres meses, el número de brasileños con un pinchazo se ha casi triplicado, hasta alcanzar el 67,6% de la población, un porcentaje incluso levemente superior al de Estados Unidos (63,4%) y Argentina (63,8%), según un recuento de AFP.



Los totalmente inmunizados rondan el 36%, una cifra todavía muy inferior a la de otros países, pero que pone a Brasil en tercera posición entre los diez más poblados.



Un punto a favor es que en Brasil el movimiento antivacuna es minoritario: la gran mayoría de los brasileños quiere vacunarse, según los últimos sondeos.



Estas cifras no hacen olvidar la caótica gestión de la pandemia a manos de Bolsonaro, un escéptico del virus que llegó a decir que quien tomase la vacuna de Pfizer podría convertirse "en un caimán".



 



"Demoró demasiado"



En un centro de salud en Brasilia, donde el miércoles comenzó la inmunización a partir de 14 años, la analista judicial Paula Vasconcelos da Silva dijo a la AFP sentirse "aliviada" tras vacunar a su hija, pero lamentó que la campaña "demorara demasiado".



Un sentimiento compartido por Mónica de Barros, una funcionaria jubilada de 57 años: "Centenares de miles de muertes podrían haber sido evitadas con una acción más firme y menos negacionista" de Bolsonaro, expresó tras recibir el pinchazo con la segunda dosis.



La falta de planificación en la compra de vacunas y las tensiones diplomáticas derivadas de polémicas declaraciones de Bolsonaro, en particular sobre China, lastraron la importación de las primeras dosis y de los insumos para fabricarlas.  



Si el gobierno hubiera empezado a negociar las vacunas a mediados del año pasado, "en mayo o junio Brasil ya habría vacunado a la población necesaria", explica Urbáez.



 



¿Sin réditos electorales?



Bolsonaro, que busca la reelección en 2022, tiene un centenar de pedidos de 'impeachment' en su contra y la popularidad en su nivel más bajo (24%), debido a la pandemia, pero también la inflación galopante y el elevado desempleo.



"La aceleración de la vacunación tendrá consecuencias muy positivas para Brasil, como la reducción en el número de muertos y mayor reapertura de la actividad económica, pero difícilmente se traducirá en un aumento de popularidad", explica a la AFP el politólogo Maurício Santoro.



Además, Bolsonaro es objeto de varias investigaciones judiciales, una de ellas por no denunciar sospechas de corrupción en la compra de vacunas anticovid.



Y una comisión en el Senado, la CPI, indaga presuntas omisiones del gobierno en el combate a la pandemia, cuyo informe podría suponer un nuevo golpe para el mandatario.



En una viñeta publicada hace meses por el Diario Catarinense, aparece Bolsonaro irrumpiendo en una sala de vacunación con la pregunta: "¿Hay vacuna contra la CPI?